martes, 24 de noviembre de 2009

Carta abierta de RECOMA a la Convención sobre Cambio Climático

La carta abierta copiada abajo será divulgada durante la conferencia
de Naciones Unidas sobre clima que comienza el día 7 de diciembre en Copenhague. Aquellas organizaciones que deseen adherir a esta carta envíen por favor un mensaje a recomala@gmail.com indicando nombre de la organización y país. La carta y las adhesiones serán publicadas en el sitio web: http://www.wrm.org.uy/. Se agradece la mayor difusión.

Red Latinoamericana contra los Monocultivos de Arboles (RECOMA)

Carta abierta de RECOMA a la Convención sobre Cambio Climático

¡Hagan algo en serio por el clima! ¡Y paren los monocultivos de
árboles!

Ya hace 17 años que hay acuerdo a nivel internacional de que la crisis climática es un problema grave y que hay que hacer algo. Las dos medidas sencillas que podían tomarse exigían parar la extracción de combustibles fósiles y parar la deforestación. Año tras año el problema se ha agravado.

Hoy son millones las personas afectadas por la crisis climática. Sin embargo la Convención sobre Cambio Climático, organismo creado para tomar las decisiones necesarias para salvar al mundo de una catástrofe planetaria, no ha logrado ninguno de sus dos objetivos fundamentales.

Muy por el contrario, se ha estado planificando la forma de continuar usando combustibles fósiles y se ha creado la posibilidad de que quienes tienen la mayor responsabilidad en esta crisis climática -los países del Norte- evadan sus obligaciones y quienes tienen menos responsabilidad -los países del Sur- tampoco se sientan responsables de asumirlas.

Gran parte de la irresponsabilidad se ha basado en una propaganda engañosa, que proclama que el problema se puede resolver a través del mercado de carbono. En ese contexto, se afirma que mediante la plantación de monocultivos de árboles se puede por un lado “capturar” gases de efecto invernadero y por otro producir combustibles que no afectan el clima. Ambos supuestos son falsos, pero además los monocultivos de árboles ya han probado ser la causa de numerosos impactos negativos en países del Sur.

El sector empresarial, dispuesto a obtener beneficios hasta del cambio climático, no duda en promover falsas soluciones a través del establecimiento de las llamadas plantaciones para “sumideros de carbono” y la promoción de los agrocombustibles – agrodiésel y etanol de madera –. Como consecuencia, en todas partes del mundo se están convirtiendo millones de hectáreas de tierra productiva en desiertos verdes. Crecientes filas de árboles idénticos – eucalipto, pino, palma aceitera, caucho, jatrofa y otras especies- desplazan a las comunidades locales y Pueblos Indígenas, que ven como disminuye cada vez más su capacidad de supervivencia. Se reducen y contaminan los recursos hídricos, se erosionan y degradan los suelos. Se violan los derechos humanos y aumenta la concentración y extranjerización de la tierra. Las plantaciones tienen impactos diferenciados de género, siendo las mujeres las más afectadas.

En busca de un sello verde que les permita continuar con los negocios de siempre, las empresas han ideado mecanismos de certificación que avalan como sustentables plantaciones a gran escala que nunca podrán serlo.

Con la introducción de árboles genéticamente modificados, impulsada desde el sector empresarial, sólo se agravarán más aun los problemas ya existentes.

Nuestra Red Latinoamericana contra los Monocultivos de Árboles es parte de un movimiento mundial creciente de oposición a los monocultivos forestales que reclama a los gobiernos del mundo: ¡Hagan algo en serio por el clima y detengan la expansión de los monocultivos de árboles!

martes, 17 de noviembre de 2009

La Bóveda del fin del Mundo

Un silo guarda 100 millones de muestras de plantas en el Ártico.

La Svalbard International Seed Vault (SISV), también conocida como la "bóveda del fin del mundo", está diseñada para guardar muestra de todas las variedades de semillas conocidas por el hombre.


El objetivo es convertirlo en un arca de Noé, un enorme almacén que contenga muestras de las plantas necesarias para que el ser humano reinicie la conquista de la Tierra si se produjera un desastre ecológico, bien sea por causas naturales o bien por la acción del hombre.

El Arca de Noé de las semillas se ha construido en Longyearbyen, un pequeño pueblo minero en la isla de Spitsbergen que pertenece al archipiélago noruego de Svalbard.
al norte de Noruega, a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte. El lugar se ha escogido por su estabilidad sísmica y porque, al estar excavado en el suelo permanentemente helado del territorio ártico (el permafrost), facilita la conservación.


Están almacenadas en las profundidades de una montaña ártica, empaquetadas en aluminio, rodeadas por muros de un metro de ancho. La bóveda cuenta con un túnel de 125 metros de profundidad, excavado en la roca . Incluso si todos los sistemas de refrigeración fallaran, dicen los científicos, la temperatura en la montaña nunca superaría la temperatura de congelamiento debido al permafrost, la capa de hielo perpetua de la región.

Al entrar en la bóveda, lo primero que se ve es un largo pasadizo de 125 metros que lleva hasta los tres almacenes del búnker. El interior del pasadizo se reforzó con una estructura circular de acero diseñada para evitar el peligro de cualquier derrumbe debido a la erosión de la montaña en la que se construyó la bóveda. Al final del pasadizo, se encuentra la sala de control donde los técnicos de la bóveda registran en los ordenadores del centro cada muestra de semillas que va llegando al búnker desde todos los países del mundo.

Los técnicos tienen que clasificar cada muestra, especificando su especie, procedencia y antigüedad. Toda la información se vuelca en una web a cuyos contenidos puede acceder libremente la comunidad científica. Las muestras de semillas se introducen en paquetes con tres capas de aluminio que se cierran de forma hermética para garantizar su conservación en las mejores condiciones posibles. Una vez que se han registrado y sellado herméticamente, las muestras de semillas se introducen en cajas de plástico y se trasladan a una de las tres cámaras de la bóveda.

Las muestras, conservadas en "cajas negras", sólo se pondrán en circulación en caso de que todas las fuentes de semillas hayan sido destruidas o agotadas.

En cuanto a las medidas de seguridad, la instalación está dotada de una puerta acorazada y un cercado de perímetro, y contará con la presencia de autoridades noruegas. Sus responsables citan también la ubicación remota de la instalación, los inviernos increíblemente fríos, los bancos de hielo e incluso la agresividad de los osos polares hacia los seres humanos como medidas de seguridad adicionales.

En la actualidad, ya existen más de 1.000 bancos de semillas por todo el mundo. Sin embargo, muchos de ellos, sobre todo en los países en vías de desarrollo, se encuentran permanentemente amenazados por la escasez de agua, el riesgo de terremotos, inundaciones u otros desastres naturales, el impacto de los conflictos bélicos o simplemente una mala gestión debido a la escasez de recursos.

Para afrontar todos estos peligros, a los que también habría que añadir la cada vez mayor amenaza del cambio climático o la hecatombe mundial que podría provocar una guerra nuclear, Noruega ha construido la Bóveda. «Nuestro objetivo es conservaAñadir imagenr aquí una copia de seguridad de las semillas de todo el planeta», explica Westengen. «Así, frente a cualquier catástrofe, de origen natural o humano, la biodiversidad de los cultivos estará a salvo. La bóveda representa una estrategia crucial para garantizar el futuro de los cultivos que nos alimentan a todos».


La conservación de las semillas en la bóveda será un servicio gratuito, y los países que envíen sus muestras seguirán siendo siempre sus propietarios. Todos ellos podrán recurrir a las copias de repuesto que se conservarán en el búnker ártico siempre que una de las variedades desaparezca de su medio natural.

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La Bóveda del fin del Mundo

martes, 3 de noviembre de 2009

El algodón ecológico de colores evita el uso de millones de toneladas de pesticidas

El cultivo de algodón es uno de los grandes males ambientales de nuestro tiempo, y de los menos conocidos. Las plantaciones de algodón convencional ocupan el 3% de la superficie cultivada del planeta pero consumen el 23% de los insecticidas usados en el mundo y el 10% de todos los químicos, tanto en la plantación como en el posterior tinte.

Cada vez más voces denuncian esta contaminación, que se une al despilfarro energético que supone la importación desde Asia de casi todo el textil que se consume en el mundo. Yendo más allá de la denuncia, marcas como Fox-Fibre, Mandacaru, Absolute organic o Egg by Susan Lazar, evitan el 100% de los pesticidas químicos al utilizar para la confección de sus prendas algodón totalmente orgánico, evitan además todo tipo de semillas transgénicas y, al crecer con un color natural, hace innecesario posteriores tintes químicos. Una nueva tienda –Ecomanía - trae a Madrid este algodón ecológico.

Los plaguicidas utilizados en las plantaciones de algodón convencional han provocado catástrofes de magnitudes bíblicas, como la desecación del mar de Aral en el Turkestán o el desastre de Bophal (India) donde murieron miles de personas en 1984 por el escape de un gas letal utilizado como plaguicida en los cultivos de algodón. Además, el bromuro de metilo y casi todos los demás plaguicidas organoclorados que se utilizan el cultivo de algodón están clasificados como potencialmente cancerígenos, además de dañar en muchos casos la capa de ozono.

Por otro lado, la industria del tinte es de las más contaminantes del mundo, ya que los procesos de teñido implican la emisión, tanto a las aguas freáticas como a la atmósfera, de importantes cantidades de peróxido de hidrógeno, sodio, cloro e hipoclorito sódico. También se libera productos sintéticos derivados del azufre, el cromo y el petróleo, junto con cobre, níquel y otros metales pesados.

De todo esto está libre el algodón certificado. El de Estados Unidos, revisado por entidades estatales, asegura que los campos de cultivo no han sido tratados con ningún producto químico en al menos tres años y que los campos respetan unas distancias mínimas con otras plantaciones que puedan usar algún producto contaminante. Marcas de algodón orgánico como Fox-Fibre van más allá y aseguran que los campos de cultivo han estado de tres a diez años sin haberse tratado con agroquímicos, mantienen la franja de seguridad alrededor, y por supuesto, no utilizan ningún producto que no sea natural durante el cultivo. Incluso las plagas habituales de estas plantas se combaten con control biológico.

Si tenemos en cuenta que la mitad de todos los tejidos que se fabrican en el mundo son de algodón, y casi la otra mitad lo llevan en su composición, comprenderemos fácilmente la enorme importancia que tiene este producto en la agricultura y el medio ambiente de todo el planeta. De hecho, el cultivo de esta planta textil da trabajo a más de 100 millones de campesinos y procesadores

La mayoría de las personas, sin embargo, desconocen que el algodón puede crecer en la planta en colores distintos al blanco, pero lo cierto es que hace 5.000 años, ya se cultivaba en América algodón de color marrón o verde, como han demostrado los yacimientos de Tehuacán (México) o Huaca Prieta, en la costa norte del Perú. La revolución industrial y la posterior aparición de los tintes químicos baratos, a principios del siglo XX, eliminó las plantaciones del algodón de colores, ya que resultaba más barato cultivar algodón blanco y posteriormente teñirlo. Además, con este sistema industrial, la paleta de colores era ilimitada.

Las plantaciones de algodón de color quedaron relegadas a unas pocas tribus indígenas de los Andes y, ahora, Fox Fibre ha recuperado esas variedades de algodón en color Búfalo, Coyote, Palo Verde y Green, cada vez más conocidas y apreciadas. Empresas como Levi Straus, Espirit, Marco Polo y otras han hecho compras millonarias de tejido ecológico, y la creadora de la marca, Sally Fox, ha recibido numerosos premios por su contribución a la sostenibilidad del planeta. Instituciones públicas de España y otros países están estudiando en sus pliegos de contratación para suministro de materiales y servicios que algunas prendas de trabajo o artículos de lencería estén elaborados obligatoriamente con algodón 100% ecológico.

El algodón ecológico y libre y con colores naturales puede ya adquirirse en Ecomanía (www.eco-mania.es), una tienda de decoración, hogar y juguetes ecológicos que ha abierto sus puertas en el barrio de Chueca, en pleno centro de Madrid. Su lema es “si tú no formas parte de la solución, eres parte del problema”. En Ecomanía sólo se venden productos hechos con algodón biológico.

Fuente: http://www.ecoticias.com